Entre texturas y capas de luz, el diseñador redefine el living, para convertirlo en un refugio emocional definitivo. Una charla sobre cómo transformar el corazón de la casa en un verdadero santuario de relax.


Para Rob, el diseño no es solo una profesión, es una forma de ver el mundo. Diseñador de interiores con base en el Distrito Arenales, en Buenos Aires, donde se especializa en remodelaciones, diseño de mobiliario y curaduría de objetos.
Su sensibilidad estética se nutre de su curiosidad innata: es un viajero incansable, un buscador de historias en cada objeto y un apasionado de los detalles, que a veces pasan desapercibidos. Crear hogares que sean visualmente impecables, pero, sobre todo, resistentes a la vida real y a los abrazos es su desafío de todos los días.
Su carrera atraviesa un presente brillante, consolidado tras su paso por Casa FOA con el espacio «En Estado Puro». Actualmente, vuelca toda su energía en su próximo desembarco en Espacio Living, donde llevará su impronta sensorial y atemporal. Amante de la luz natural y de los materiales que envejecen con nobleza, Rob cree que la verdadera elegancia nace de la calidez. Para él, un proyecto tiene éxito, solo si logra que quienes lo habitan se sientan, por fin, en casa.
Siempre decimos que el sillón es el corazón del living. ¿Qué tres consejos básicos le darías a alguien que está por elegir uno, para que no se arrepienta a los seis meses? Siempre digo que el sillón es el corazón del living, porque es donde realmente sucede la vida cotidiana.
Primero, la escala tiene que dialogar con el espacio. Un sillón demasiado grande o demasiado chico desbalancea todo el ambiente.
Segundo, la comodidad real no alcanza con que sea lindo. Siempre recomiendo sentarse, probar la profundidad y la altura del respaldo. Si no invita a quedarse, no funciona.
Y tercero, la tela tiene que acompañar el estilo de vida. Si hay chicos, mascotas o mucho uso, conviene elegir telas nobles, resistentes y fáciles de mantener.


¿Cómo logras el equilibrio entre un mueble que sea de ‘revista’ pero que a la vez sea cómodo, para el uso diario de una familia? Para mí el buen diseño siempre tiene que poder vivirse. Un espacio puede verse editorial, pero si no es cómodo o funcional pierde sentido. El equilibrio aparece cuando elegís piezas con buena presencia estética, pero pensadas para el uso cotidiano: sillones cómodos, mesas que resistan el día a día y textiles que aporten calidez.
Un living lindo es el que se usa, no el que se mira de lejos. ¿Cómo sentís que cambió la elección de colores en los últimos años? ¿Estamos dejando atrás el ‘total White’ por tonos más jugados o terrosos? Durante muchos años, el blanco absoluto fue protagonista porque transmitía pureza y amplitud.
Hoy veo una búsqueda más emocional, aparecen tonos tierra, arenas, arcillas, verdes suaves, que conectan más con lo natural y generan espacios más envolventes. No se trata tanto de abandonar el blanco, sino de sumarle profundidad y capas de color.


¿Qué importancia le das a la mezcla de texturas para que un espacio no se sienta plano? Las texturas son fundamentales porque le dan vida al espacio. Cuando todo tiene la misma terminación, el ambiente se siente plano. En cambio, cuando combinas maderas, textiles, fibras naturales, metales o piedras, el espacio gana dimensión. Muchas veces el secreto de un buen living no está en la cantidad de objetos, sino en cómo dialogan las texturas entre sí.
Si tuvieras que definir tu estilo en tres palabras, ¿cuáles serían? Diría que mi estilo es: Sensorial, atemporal y cálido. Me interesa crear espacios que se sientan, que no dependan de una moda pasajera y que inviten a habitarse.
¿Cuál es ese objeto o elemento ‘mínimo’ que, según vos, termina de cerrar la decoración de un espacio para que se sienta un verdadero hogar? Muchas veces lo que termina de cerrar un espacio es una pieza con carácter. Puede ser una obra de arte, una lámpara escultórica o un objeto especial. No tiene que ser grande ni protagonista, pero sí algo que aporte identidad y emoción al ambiente. Es ese detalle que hace que el espacio deje de ser solo un ambiente y se transforme en un hogar.
Muchos cometen el error de usar solo una luz central. ¿Cómo manejas las distintas ‘capas’ de iluminación (ambiental, puntual y decorativa) en un living? La iluminación es clave porque define cómo se percibe el espacio.
Siempre trabajo con tres capas:
• Luz general, que da la base del ambiente.
• Luz puntual, para leer o iluminar zonas específicas.
• Luz ambiental o decorativa, que genera clima.
En un living me gusta sumar lámparas de pie, de mesa o iluminación indirecta, porque crean una atmósfera mucho más cálida que una única luz central.
¿Cómo influye la luz natural de este espacio en la elección de los tonos de las paredes y las telas que elegiste?» La luz natural es uno de los primeros factores que analizo cuando diseño. Un espacio con mucha luz permite trabajar con tonos más profundos o materiales con más textura. En cambio, cuando la luz es más suave, conviene elegir paletas claras o cálidas que ayuden a amplificar la luminosidad. La idea siempre es que los materiales dialoguen con la luz del lugar.
El living ‘multitasking’: «Hoy el living suele estar integrado al comedor o la cocina. ¿Qué recursos usas para delimitar el sector de relax sin levantar paredes o perder amplitud?» Hoy los espacios suelen estar integrados, y la clave es delimitar sin cerrar. Me gusta trabajar con alfombras que definan el área del living, cambios de iluminación, disposición del mobiliario o incluso alguna pieza escultórica que funcione como límite visual.
Son recursos sutiles que ordenan el espacio sin perder la sensación de amplitud.
@robhortiz – www.robortiz.com.ar