El peligro de las pantallas: Cuando la tecnología desplaza vínculos y altera el desarrollo

Salud y Bienestar

El peligro de las pantallas: Cuando la tecnología desplaza vínculos y altera el desarrollo

La inmediatez digital, está moldeando una generación con baja tolerancia a la frustración y una identidad ligada al «like». La Lic. Agustina Pérez Gomar, advierte sobre los riesgos de reemplazar la presencia adulta por dispositivos y nos invita a «poner de moda» la conexión real.

Muchos psicólogos, hoy compartimos una preocupación que aparece cada vez con más fuerza en el consultorio, cuando observamos, niños y adolescentes apáticos que no saben qué quieren, que no se aburren y que no toleran la espera, niños y adolescentes que, ante la mínima frustración, se desbordan.

Los síntomas de hiperactividad, distracciones, olvidos y depresión crecen a un ritmo alarmante. Más allá del contenido que consumen, que amerita un artículo aparte, hoy, quiero detenerme en el impacto que el uso de la tecnología está teniendo en el desarrollo psíquico de niños y adolescentes y en las consecuencias a nivel individual y social.

Un cerebro que todavía se está construyendo

En primer lugar, si pensamos en un niño que está en plena construcción, en pleno desarrollo, la corteza prefrontal, responsable de regular las emociones, tomar decisiones y controlar impulsos, termina de madurar recién cerca de los 25 años.

Las pantallas, están diseñadas para captar la atención mediante estímulos de alta duración, recompensas inmediatas y cambios constantes, sin pausas para respetar los tiempos de procesamiento de la información. Cuando el niño se acostumbra a esta intensidad, los ritmos de la vida real, como escuchar una maestra, leer un libro, estudiar, hablar con amigos o simplemente esperar, empiezan a resultar más difíciles de sostener.

Y todos esos ítems sobre todo el no hacer, el no tapar, el aburrirse, aunque hoy los evitamos, son condiciones fundamentales para el desarrollo de la creatividad y la imaginación en la infancia.

Cuando la pantalla calma lo que debería sostener el adulto

Muchas veces , las pantallas empiezan a ocupar un lugar que debería ocupar un adulto, niños que quedan a cuidado de ellas por horas y el celular, la tablet o la tele aparecen en la vida de los niños como recurso para distraer, calmar, entretener o evitar el conflicto.

Un niño que se aburre recibe una pantalla, un niño que llora recibe un video, un niño que no quiere esperar recibe un juego. Pero aprender a esperar, frustrarse o aburrirse forma parte del proceso de maduración emocional. Los chicos, necesitan adultos que puedan acompañar esos momentos incómodos. Cuando la pantalla aparece demasiado rápido, estamos privándolos de reconocer sus emociones y de darles herramientas para que las gestionen. Con el tiempo, algunos niños aprenden a escapar de las emociones en lugar de aprender a transitarlas.

Familias juntas, pero no conectadas

Otro fenómeno, cada vez más frecuente, es el de las familias físicamente presentes, pero emocionalmente desconectadas. Niños que comen mirando una pantalla, padres que responden mensajes mientras hablan con sus hijos, adolescentes que se refugian en el celular cuando algo los incomoda.

La infancia necesita algo que ninguna tecnología puede reemplazar que son miradas, presencia emocional y disponibilidad afectiva, escucha. Los niños, aprenden a comprender lo que sienten primero a través de los adultos. Cuando un niño se enoja, se frustra o se angustia, necesita que alguien lo ayude a poner palabras, a entender, a gestionar esas emociones, proceso que con el tiempo construye su capacidad de autorregulación.

Adolescencia y la presión de la mirada social

En la adolescencia, aparece otro fenómeno importante y que se ve con frecuencia en el consultorio como los principales síntomas de la época que es la construcción de la identidad a partir de una imagen en las redes sociales.

La validación, la mirada externa, ya no proviene solo del entorno familiar o de grupos de pares cercanos, sino de observadores que podrían ser infinitos, es así que los Likes, los comentarios, la cantidad de seguidores pueden convertirse en una medida de valor propio. Plataformas que a su vez aumentan la presión social y la comparación constante. En las conversaciones con los adolescentes, ellos identifican el esfuerzo que realizan por mostrar lo que creen que los otros quieren ver, y hacen o dejan de hacer, en otras palabras, pierden la autenticidad con tal de ser aceptados

Pongamos de moda otra cosa

Si ben, la tecnología forma parte del mundo en el que vivimos y los niños y adolescentes también necesitan aprender a utilizarla, somos los adultos los que deberíamos entender un poco más el daño que hace, que ya está demostrado en la psiquis de quienes lo consumimos.

Es verdad que aparece el miedo real de no dejar a nuestros hijos por fuera de lo que hacen los amigos, pero también es real que nosotros somos los responsables de criar a nuestros hijos, y que la construcción de su mundo interno, depende en gran medida de las herramientas que le damos en sus infancias y adolescencias.

A mí, me gusta hablar de “pongamos de moda otra cosa”: pongamos de moda estar más presentes, de animarnos a decir no, de frustrar, de sostener, de reírnos con ellos, de darles otras herramientas o ideas para que encuentren el disfrute en la vida real.

Las investigaciones coinciden en algunos aspectos fundamentales

  • Retrasar el acceso a dispositivos personales el mayor tiempo posible.
  • Establecer límites claros de uso.
  • Evitar pantallas en momentos clave como las comidas o antes de dormir.
  • Priorizar experiencias reales como juego libre, movimiento, contacto con grupos de pares.
  • Ofrecer presencia adulta.

Los niños necesitan adultos disponibles, que miren, escuchen y acompañen.

Para pensar
Cuando hablamos del uso de la tecnología en la infancia y la adolescencia, no se trata solamente de contar horas de pantalla (que si lo vemos son muchísimas) ni qué pueden hacer los dispositivos o cuestionar la herramienta, sino pensar qué lugar están ocupando en la vida cotidiana y qué impacto genera en las emociones de niños, adolescentes y también de los adultos.

Lic. Agustina Pérez Gomar
Instagram: @agustinaperezgomar
Web: agustinaperezgomar.com

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