Amalia Robredo, paisajista argentina radicada en Jose Ignacio, nos cuenta su experiencia trabajando en Colonia Zacamil, en El Salvador.

Amalia Robredo llegó a El Salvador casi de casualidad, a través de una clienta. Y así, como suele suceder muchas veces en la vida, se le fueron abriendo puertas y ventanas; lo que comenzó como un proyecto personal de artista, de pintar murales en una de las comunidades más peligrosas del mundo, fue mutando a un proyecto más integral, donde se fueron sumando personas que querían colaborar con sus conocimientos, para visibilizar la vida de miles de personas que habitaban en ese territorio desolado y de posguerra.
Había mucho por hacer en una comunidad en la que los vecinos no se conocían. La cercanía de sus casas era simbólica, vivían tras las rejas, encerrados, sin relacionarse entre ellos. Una comunidad estigmatizada por el delito, la peligrosidad y la muerte, era un lienzo en blanco para conquistar.
Amalia Robredo, paisajista argentina radicada en Jose Ignacio, nos cuenta su experiencia trabajando en Colonia Zacamil, en El Salvador.

Amalia Robredo llegó a El Salvador casi de casualidad, a través de una clienta. Y así, como suele suceder muchas veces en la vida, se le fueron abriendo puertas y ventanas; lo que comenzó como un proyecto personal de artista, de pintar murales en una de las comunidades más peligrosas del mundo, fue mutando a un proyecto más integral, donde se fueron sumando personas que querían colaborar con sus conocimientos, para visibilizar la vida de miles de personas que habitaban en ese territorio desolado y de posguerra.
Había mucho por hacer en una comunidad en la que los vecinos no se conocían. La cercanía de sus casas era simbólica, vivían tras las rejas, encerrados, sin relacionarse entre ellos. Una comunidad estigmatizada por el delito, la peligrosidad y la muerte, era un lienzo en blanco para conquistar.
Una misión difícil pero no imposible. El espacio que Amalia tenía que conquistar, era la plaza del barrio, un espacio que siempre fue un campo de batalla para los pandilleros del lugar.
“Como primer paso, para el diseño del paisaje, se hizo un relevamiento de las necesidades de los habitantes. Fue muy difícil acceder a la comunidad de Colonia Zacamil, son personas que han estado muy encerradas, que en 15 años no han sociabilizado con nadie, que no se han asomado más allá de su balcón. Pero de a poco, al ver que el grupo humano de la fundación estaba para ayudarlos, se fueron soltando”.
El relevamiento se hizo puerta por puerta, hablando con los habitantes de la colonia. Fue un proceso comunitario, donde participaron todos y contaron cuáles eran sus deseos y necesidades para habitar los espacios públicos.
“Al principio no fue fácil que contestaran la encuesta, pero de a poco fueron confiando. Así fuimos creando el tejido social; los vecinos empezaron a relacionarse entre ellos. Esa era la idea madre del proyecto. Unir a la sociedad, que sintieran orgullo por el lugar al que pertenecen. Sacar el estigma que traían desde su nacimiento“.


Conversando con los habitantes de Colonia Zacamil, Amalia pudo constatar que la hipótesis de la sabana, aplicaba perfectamente para el desarrollo de su proyecto paisajístico en El Salvador.
Las características preferidas de las sabanas han capturado el interés de la humanidad a lo largo de los siglos. La profundidad de estos vastos paisajes abiertos, acompañada de una sensación de amplitud, es algo que la gente tiende a buscar.
La vista despejada, con cubiertas uniformes de hierbas y árboles dispersos, se considera especialmente atractiva, en contraposición a las vistas obstruidas, la complejidad desordenada y las texturas ásperas que se encuentran en otros entornos naturales. Estas preferencias se extienden a través de diversos grupos de edades y culturas, aunque se ha observado una mayor intensidad en los niños, disminuyendo gradualmente a medida que las personas envejecen.
Este hallazgo respalda la hipótesis evolutiva de la preferencia por las sabanas. A medida que los seres humanos maduran, se ven cada vez más influenciados por el conocimiento, la cultura y los entornos que los rodean, lo que puede interferir con las preferencias innatas que tenemos desde tiempos ancestrales. Sin embargo, la persistencia de esta preferencia en diferentes grupos demográficos sugiere que hay una conexión profunda y arraigada en nuestro ser.
Es lógico pensar que personas que vivieron toda su vida en alerta, van a preferir espacios despejados, donde puedan moverse tranquilos y sentirse a salvo. Es por eso que, para el diseño de la plaza, se aplicara “la sabana hipótesis“.
Se agregarán plantas exóticas, que atraigan fauna autóctona, aves y pájaros que compongan los sonidos y la música del lugar. El desafío está planteado: convertir la plaza en un lugar de pertenencia, un espacio de paz, donde la naturaleza traiga la tranquilidad que se necesitaen Colonia Zacamil.


Es un destacado vecino de Viñedos y un visionario sobre el potencial de la Tahona, ya que cuando todavía había pocas casas se animó a invertir en la construcción del centro comercial que está en Camino de los Horneros.
Es un destacado vecino de Viñedos y un visionario sobre el potencial de la Tahona, ya que cuando todavía había pocas casas se animó a invertir en la construcción del centro comercial que está en Camino de los Horneros.
Una misión difícil pero no imposible. El espacio que Amalia tenía que conquistar, era la plaza del barrio, un espacio que siempre fue un campo de batalla para los pandilleros del lugar.
“Como primer paso, para el diseño del paisaje, se hizo un relevamiento de las necesidades de los habitantes. Fue muy difícil acceder a la comunidad de Colonia Zacamil, son personas que han estado muy encerradas, que en 15 años no han sociabilizado con nadie, que no se han asomado más allá de su balcón. Pero de a poco, al ver que el grupo humano de la fundación estaba para ayudarlos, se fueron soltando”.
El relevamiento se hizo puerta por puerta, hablando con los habitantes de la colonia. Fue un proceso comunitario, donde participaron todos y contaron cuáles eran sus deseos y necesidades para habitar los espacios públicos.
“Al principio no fue fácil que contestaran la encuesta, pero de a poco fueron confiando. Así fuimos creando el tejido social; los vecinos empezaron a relacionarse entre ellos. Esa era la idea madre del proyecto. Unir a la sociedad, que sintieran orgullo por el lugar al que pertenecen. Sacar el estigma que traían desde su nacimiento“.


Conversando con los habitantes de Colonia Zacamil, Amalia pudo constatar que la hipótesis de la sabana, aplicaba perfectamente para el desarrollo de su proyecto paisajístico en El Salvador.
Las características preferidas de las sabanas han capturado el interés de la humanidad a lo largo de los siglos. La profundidad de estos vastos paisajes abiertos, acompañada de una sensación de amplitud, es algo que la gente tiende a buscar.
La vista despejada, con cubiertas uniformes de hierbas y árboles dispersos, se considera especialmente atractiva, en contraposición a las vistas obstruidas, la complejidad desordenada y las texturas ásperas que se encuentran en otros entornos naturales. Estas preferencias se extienden a través de diversos grupos de edades y culturas, aunque se ha observado una mayor intensidad en los niños, disminuyendo gradualmente a medida que las personas envejecen.
Este hallazgo respalda la hipótesis evolutiva de la preferencia por las sabanas. A medida que los seres humanos maduran, se ven cada vez más influenciados por el conocimiento, la cultura y los entornos que los rodean, lo que puede interferir con las preferencias innatas que tenemos desde tiempos ancestrales. Sin embargo, la persistencia de esta preferencia en diferentes grupos demográficos sugiere que hay una conexión profunda y arraigada en nuestro ser.
Es lógico pensar que personas que vivieron toda su vida en alerta, van a preferir espacios despejados, donde puedan moverse tranquilos y sentirse a salvo. Es por eso que, para el diseño de la plaza, se aplicara “la sabana hipótesis“.
Se agregarán plantas exóticas, que atraigan fauna autóctona, aves y pájaros que compongan los sonidos y la música del lugar. El desafío está planteado: convertir la plaza en un lugar de pertenencia, un espacio de paz, donde la naturaleza traiga la tranquilidad que se necesitaen Colonia Zacamil.


Es un destacado vecino de Viñedos y un visionario sobre el potencial de la Tahona, ya que cuando todavía había pocas casas se animó a invertir en la construcción del centro comercial que está en Camino de los Horneros.
Es un destacado vecino de Viñedos y un visionario sobre el potencial de la Tahona, ya que cuando todavía había pocas casas se animó a invertir en la construcción del centro comercial que está en Camino de los Horneros.